A Terciario Palmas le estaba yendo muy mal en
la vida. Había sido un joven muy feliz, y en un solo año lo había perdido todo.
Y entonces exploto un ruido, como un largo
trueno que sacudió a las cruces y a las lápidas, y Palmas vio que una tumba se
abría y se iluminaba desde su interior.
Un hombre se asomó y saltó fuera de la fosa.
Se acercó al joven y le dijo:
–Vengo a ayudarte.
Era un hombre hermoso y elegante, o así le
pareció al pobre Palmas.
–¿Eres un muerto? –le preguntó Palmas.
–Estoy más vivo que nadie, te lo aseguro...
¿Te gustaría ser rico y poderoso?
–Por supuesto.
–¿Y conquistar a la mujer más hermosa?
–Si, sí, pero eso es imposible –dijo Palmas.
–Nada es imposible para mí –respondió el
Diablo.