Con el
presente tomo, el cuarto de “Rosario, del 900 a la década infame”, concluye lo que autor
definió inicialmente como “un vasto fresco” de lo que considera el período
fundacional de la ciudad contemporánea. En este tomo final se pasa revista a
uno de los aspectos más impactantes de la vida rosarina entre 1900 y 1930: la
fiebre por el teatro, visible no sólo en la aparición de algunas de las salas
aún hoy tradicionales sino en la presentación en ellos de muchos de los grandes
divas y divos de la ópera, la zarzuela y el teatro clásico y en el prestigio
social que implicaba “ir al teatro”. Del mismo modo, se detalla la aparición
del cinematógrafo, verdadera revolución del siglo XX, tanto como de los
primeros reductos de exhibición de aquellas “vistas” que maravillaban al mundo,
antecesores de las salas cinematográficas posteriores. Finalmente, como parte
de la historia rosarina de ese período, el mundo de la “mala vida”, pequeño universo
prostibulario en el que convivieron por igual el pintoresquismo de un ambiente
poblado de personajes típicos, la escenografía de cientos de ámbitos de
recreación paralelos al prostíbulo (cafés, cafetines, burlescos, tiros al
blanco, parrillas, varietés) y la ignominia de la explotación de cientos, tal
vez miles de mujeres explotadas por sólidas asociaciones de tratantes. Con esas
tres miradas culmina una obra que será, sin duda, de consulta obligada en el
presente, y también en el futuro, para quienes se interesen y apasionen, como
el autor, por la historia y el pasado de Rosario.